Ilustración de nube con forma de casa

El sueño de emanciparse

– Ni emancipación ni proyecto de vida: el coste de las hipotecas se duplica en el último año.

Son muchas las políticas que hay que implementar para permitir crecer a nuestros jóvenes, y que puedan salir de ese ‘Mundo de nunca jamás’ al que algunos quieren condenarles

Blanca Barrio, educadora social de 30 años, se ha emancipado tres veces. En dos ocasiones compartiendo, con varias personas, un piso sencillo, en Madrid. Pagaban por habitación. Y otra vez, al ir a vivir con su novio fuera de la capital. En esta etapa dejó de trabajar, se tomó ‘un tiempo de descanso’, ya que estaba sufriendo mucha ansiedad en su anterior empleo. Cuando la relación se rompió, Blanca regresó a casa de sus padres por motivos económicos.

Actualmente Blanca gana unos 1.100€ al mes. El ocio es austero, «hago planes que no supongan dinero: dar paseos, tomar algo y leer»

Reconoce que ‘nunca le ha faltado dinero para comer’, eso sí, ‘sin lujos y siempre mirando los precios’. Tampoco ha podido pagarse un curso para continuar formándose. Desde 2019 todos los que ha dado son gratuitos, ‘no he podido invertir dinero. Me gustaría hacer un máster de Dirección de Centros de Servicios Sociales’. Sí pudo pagarse el carnet de conducir aunque reconoce que “le costó una pasta”.

Actualmente, Blanca trabaja en un empleo relacionado con su formación y gana unos 1.100 euros al mes. Por supuesto el ocio es austero, ‘hago planes que no supongan dinero: dar paseos, tomar algo y leer’ y cuando puede cumple su sueño de viajar, eso sí a bajo coste.

A corto plazo sus planes son seguir alegremente con sus padres y poder ahorrar. “Quiero hacer un colchoncito para más adelante poder alquilar una casa con otras dos amigas, porque sola es impensable”. Reconoce que se ha planteado la posibilidad de vivir en otro país, aunque su hándicap es el idioma y las condiciones laborales y sociales en otros lugares, como América Latina, no son mejores que en España. También está dando vueltas a vivir fuera de Madrid, en una ciudad más pequeña y asequible porque ‘Madrid es muy cara’.

Blanca pediría a los políticos regular los alquileres, poner viviendas públicas asequibles, facilitar la compra de casas con medidas para poder hacer frente a una hipoteca -‘que metan mano ahí a los bancos’-  subir los sueldos, dignificar los trabajos, dar ayudas económicas reales, y seguir subiendo el SMI. Estima que para poder vivir dignamente y poder emanciparse, sin compartir piso, tendría que ganar unos 2.000 euros al mes. 

España, en el furgón de cola de la emancipación

En Europa hay dos velocidades a la hora de emanciparse. Así en la mayoría de los países de norte y oeste de Europa, los jóvenes abandonan el hogar familiar, a principios o mediados de la veintena, mientras que en los países del sur y del este, la edad media se corresponde con el final de la veintena o principios de la treintena. El Informe de Eurostat sobre ‘La edad de los jóvenes que abandonan el hogar de sus padres’ (Age of Young people leaving their parental household) indica que en España la edad media de emancipación se sitúa cerca de los 30 años, ocupando el furgón de cola de la emancipación junto a Portugal (33,6 años), Croacia, Grecia, o Italia. Por el contrario, en Suecia los jóvenes se suelen emancipar a los 19 años. 

Esto no es casual: el estudio apunta que en los países donde los/las jóvenes se emancipan más tarde es donde la tasa de paro juvenil es más alta. Según los últimos datos del paro de la eurozona correspondientes al mes de marzo de 2023, en España la tasa de paro juvenil fue del 29,5%, la más alta entre los 27 países miembros, por delante de Grecia (24,2%) e Italia (22,3%). 

De los 3,02 millones de personas sin empleo, en nuestro país, según la estadística europea, 492.000 eran menores de 25 años.

Y ahora otros obstáculos: los bajos salarios y el IPC…

El sueño de emanciparse puede estar un poco más cerca. El Gobierno de coalición progresista ha aprobado distintas políticas, en el marco del diálogo social, encaminadas a mejorar la situación de las personas, en especial de los colectivos más vulnerables, como nuestros jóvenes. Entre ellas destaca: la reforma laboral, que ha impulsado el empleo, mejorando su calidad y acotando la temporalidad y precariedad, que afecta sobre todo a los jóvenes; el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, una medida de justicia social, que nos beneficia a todos, no solo a las personas trabajadoras, pues favorece el  consumo y el crecimiento económico; el aumento de becas y ayudas; o la reforma de las pensiones, que afecta también a los jóvenes porque garantiza la sostenibilidad del Sistema Público sin recortar derechos, en el corto, medio y largo plazo. Otra política fundamental ha sido la Ley de Vivienda para limitar el precio de los alquileres y garantizar viviendas sociales a precios accesibles. 

«En Europa hay dos velocidades: en el norte y oeste abandonan el hogar familiar a los veinte, mientras que en el sur y este lo hacen a los treinta»

Todas estas medidas van por el buen camino, pero todavía quedan muchas piedras y obstáculos que sortear para lograr que nuestros jóvenes puedan emanciparse.  El principal los bajos salarios, los jóvenes siguen siendo trabajadores de segunda, en este sentido; y el inusual y desproporcionado crecimiento de los precios que sigue lastrando el poder adquisitivo de las personas trabajadoras, en especial las que menos ganan.

Emancipación, versus trabajos de calidad y buenos salarios

Para que la emancipación no sea una quimera es preciso seguir incidiendo en leyes y acuerdos que permitan mejorar la situación de la juventud española, en especial en el mercado laboral español. Es preciso ofrecerles oportunidades que les permitan emanciparse, sin tener que abandonar España. 

Además, hay que pisar el acelerador porque la juventud en nuestro país viene arrastrando las consecuencias de las políticas de austeridad y han sido y, en muchos casos, siguen siendo ‘carne de cañón’ de la temporalidad y la precariedad laboral y de los bajos salarios. Al menos, así lo perciben la gran mayoría.

Según el informe de RUGE ‘Desafíos de la juventud para afrontar un empleo digno’ publicado en agosto de 2022 ‘hoy las condiciones de vida de las personas jóvenes son peores que la que tenían las personas jóvenes hace 25 años’. Además, otro estudio, al que se hace referencia en este informe, revela que la mitad de nuestros jóvenes cree que ‘en el futuro tendrá que trabajar en cualquier cosa y dependerá económicamente de su familia’. 

Un desaliento que solo se vence con resultados. Los jóvenes necesitan ‘ver para creer’, hechos y no papel mojado. La labor de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social es esencial para hacer cumplir las leyes y perseguir los fraudes que se pueden cometer en las contrataciones. Hay que controlar los abusos y horas no remuneradas y, por supuesto, las prácticas laborales y no laborales.

Desde RUGE destacan además otras medidas fundamentales: la implementación correcta y coordinada de la Garantía Juvenil Plus; potenciar los Servicios Públicos de Empleo para que puedan desarrollar de manera efectiva la orientación laboral; políticas y medidas encaminadas al desarrollo de sectores estratégicos que generen empleo neto y de calidad; fomentar el relevo generacional en las empresas fomentando el contrato de relevo y la jubilación parcial; o una regulación más restrictiva para la puesta a disposición de personas trabajadoras a través de las empresas multiservicios, subcontratas, etc. Si mejoran los derechos y condiciones laborales de los jóvenes, se multiplicarán sus posibilidades de emancipación.

Emigrar para emanciparse 

Muchas de las y los jóvenes al terminar sus estudios tienen que marcharse al extranjero en busca de empleos con mejores condiciones laborales y salarios que los que les ofrecen en España. Están hartos de estudiar durante años, para luego no poder emanciparse. El estudio de la Fundación SM de 2021, señalaba que alrededor de ‘un 52% de los estudiantes españoles cree que es bastante probable que tenga que emigrar para poder trabajar en el futuro, especialmente para mejorar su calidad de vida o para encontrar trabajos mejor pagados’.

Nuestro país deja escapar el talento tras invertir cantidades ingentes en educación y formación. Y mientras se produce esta emigración forzada, sobre todo en épocas de crisis económica, nuestra población continúa envejeciendo. 

Esto hay que cambiarlo radicalmente, no nos lo podemos permitir ni como sociedad, ni como país. Hay que retener el talento con empleos de calidad. En este sentido, los retos a los que se enfrenta el mercado laboral (el proceso de digitalización, el cambio climático) deben abordarse como una oportunidad para establecer empleos dignos de alto valor añadido. 

Hay que ofertar oportunidades laborales decentes y retener el talento

Asimismo, es preciso ajustar las materias que se estudian a las necesidades del mercado laboral. Y es que el 53% de los graduados admite que lo que ha estudiado no le sirve para trabajar y 4 de cada 10 jóvenes cree que el tiempo y el dinero invertidos en su formación no justifican el beneficio posterior (datos de la Fundación Conocimiento y Desarrollo).

Por otra parte, el Gobierno ha impulsado la Formación Profesional destinando 1.307 millones de euros para combatir el paro juvenil. El objetivo es dar formación de calidad y vincularlo a un empleo estable, según palabras de la ministra de Educación y FP, Pilar Alegría.

Son muchas las políticas que hay que implementar para permitir crecer y emanciparse a nuestros jóvenes, y que puedan salir de ese ‘Mundo de nunca jamás’ al que algunos quieren condenarles. 

 

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