Ilustración camarera de hotel cargando toallas

Trabajos abusivos

Los meses comprendidos entre junio y septiembre son, por excelencia, los meses de “las vacaciones”. Millones de personas se trasladan y visitan nuestro país, aumentando la recaudación, pero también las cargas de trabajo de millones de trabajadoras y trabajadores que realizan, en muchos casos, jornadas abusivas y horas extras no pagadas.

Llega el verano y con él las ganas de viajar, de descansar y de disfrutar de una de las épocas más esperadas del año. Para ello, nos vamos de viaje, reservamos hoteles, apartamentos, campings y también, cuando podemos, disfrutamos de una comida cerca de la playa, en la montaña o en una terraza. ¿Pero qué hay detrás de esto?

España se ha convertido en uno de los destinos favoritos a nivel mundial para hacer turismo, y especialmente en la época estival. Según datos del Ministerio de Turismo, en 2022 visitaron España 71,6 millones de turistas internacionales que realizaron un gasto de 87.061 millones de euros

La frecuencia de viajeros aumenta en todas las modalidades, especialmente en carretera. Para hacernos una idea del alcance de los movimientos que se producen, según las últimas previsiones elaboradas sobre el turismo nacional por la Dirección General de Tráfico, se esperan 95 millones de desplazamientos de largo recorrido solo en carretera para este verano. Un volumen de desplazamientos que afectará, directamente, a todo tipo de comercio, restauración, hostelería y, en definitiva, a los trabajadores y trabajadoras de España.

‘Nuestro salario es inferior a las tareas que me obligan a realizar’

Probablemente, uno de los sectores más perjudicados, o quizás el más conocido por todas y todos, es el sector de la hostelería. Jornadas interminables, calor asfixiante, exigencias abusivas por parte de los empresarios y salarios totalmente alejados del trabajo realizado. Los destinos de costa suelen ser los que reúnen estas características, como es el caso de las Islas Canarias. Luis, trabajador de la hostelería, nos cuenta que “el horario que tenemos es desde las 12 del mediodía hasta las 12 de la noche, con dos días de descanso semanales”. Unos descansos, eso sí, que Luis afirma que no se respetan siempre. “Por norma general se cumplen, pero si es cierto que, en algunas ocasiones, como la época estival, se nos obliga a trabajar seis días. Se nos dice que solo tenemos derecho a librar uno”. Además, asegura que notan una mayor intensidad de trabajo en esta época”. 

Luis también asegura que detectan mayor abuso, sobre todo en las horas extra, en aquellas personas que tienen un contrato temporal. “Es común que estos perfiles se usen para reforzar, por lo que realizan jornadas que no tienen por contrato, es decir, hacen más horas de las pactadas”. Sin embargo, los trabajadores y trabajadoras en España la mayoría de las veces tienen miedo a denunciar por posibles represalias. Luis cuenta que, en multitud de ocasiones, ha sentido que se ponía en riesgo su salud mental por parte de la empresa y, en ocasiones, también la seguridad física: “Hemos tenido compañeros que han denunciado y han terminado incluso despedidos y no se ha solucionado el problema”.

En cuanto al salario, Luis denuncia una situación muy habitual, “a mí me tienen cobrando un salario inferior a lo que me tocaría por funciones y responsabilidades. De hecho, a mí y a mis compañeros nos tienen en categorías inferiores de las que marca el convenio del sector, y lo hacen para ahorrarse ese dinero”.

‘En festivos, trabajamos más’

Muchos ciudadanos optan por reservar un hotel durante las vacaciones, una de las épocas más duras para las camareras de piso. Trabajadoras que, día tras día, se dedican a dejar la habitación impecable para cuando el cliente vuelva. Realizan jornadas laborales que pueden parecer buenas, siempre y cuando no se tenga en cuenta la carga física que supone.

Como explica María, camarera de piso en Baleares, “nuestra jornada empieza a las siete y termina a las tres de la tarde. Cuando termina, aunque no nos cuenta como horario de trabajo, podemos comer allí mismo, pero la mayoría de las veces estamos tan cansadas que solo pensamos en irnos a casa”.

Según reconoce, la intensidad durante la época del verano es “brutal. Prácticamente, no tenemos tiempo ni de beber agua o ir al baño. Estamos continuamente corriendo y es estresante”. María denuncia que el cliente, sobre todo en esta época, es “muy sucio”. Uno de los aspectos que se miran al reservar un alojamiento es la famosa hora de salida, el check-out. Una hora que, para el cliente, supone relajar su salida. En cambio, para las trabajadoras, supone un motivo más de estrés y presión. “La gente cada vez apura más. Cuando se juntan 5 o 6 salidas a las 12 del mediodía, es casi imposible que puedas terminar el trabajo antes de que termine tu jornada, porque no hay tiempo suficiente”.

Cada vez más en España, cuando se habla de salud y seguridad en el trabajo, se incide en la salud mental de las personas trabajadoras. María nos explica que “la carga y el estrés que tenemos las camareras de piso son muy elevados. Es verdad que tenemos mucho dolor físico por los movimientos y el esfuerzo, y no podemos controlarlo porque vamos a contrarreloj” apunta. “También es verdad que, mentalmente, acabas fundida, solo piensas en sentarte y descansar. Siempre se habla de cansancio y el dolor físico, pero el mental también es muy grande. Y si encima tienes un jefe que te machaca y te presiona, aún es más difícil. Son muchas las compañeras que sufren depresión y ansiedad” reflexiona. De hecho, afirma que “no sabemos cómo no nos dan infartos, con la presión que existe y el hecho de tener que estar siempre corriendo. Es un trabajo muy duro”.

Otra de las cuestiones que denuncia es la poca vigilancia por parte de las empresas de la seguridad de las trabajadoras. “No he escuchado que haya venido nadie a ver las condiciones, por lo menos en mi empresa. Deberían controlarse más las cargas de trabajo, las faltas de categoría, el estrés… y se podría mejorar con más inspección”.

También asegura que, como en muchos empleos en nuestro país, el salario no está acorde al trabajo que se realiza. “Deja mucho que desear, y hay departamentos muy mal pagados para lo duro que es el trabajo”, afirma. “La gente no se da cuenta, pero nosotras cuando más trabajamos es cuando es festivo para el resto, como la Navidad, la Semana Santa, el verano…”.

Hay quienes afirman que faltan trabajadoras y trabajadores para determinados sectores, especialmente en la hostelería, pero lo que realmente hace falta son buenas condiciones para personas como Luis y María . 

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