Tiempos modernos es una obra clásica que, pese a sus años, sigue siendo profundamente actual en su retrato del trabajo alienado o alienante. Chaplin, en su icónico papel del obrero anónimo, retrata con humor y dramatismo la deshumanización de la persona trabajadora en una cadena de montaje. La película denuncia la explotación laboral, la falta de condiciones de seguridad y, además, muestra cómo la presión productivista arrastra a las trabajadoras y trabajadores a problemas de salud mental y física.
Desde una mirada sindical, la cinta es una crítica brillante a la ausencia de derechos laborales en los albores del fordismo, cuando el trabajador o trabajadora era tratada como una pieza más de la máquina. Una invitación a reflexionar sobre la necesidad de organizarse colectivamente para conquistar condiciones de trabajo dignas, con ritmos humanos y protecciones frente a los riesgos físicos y psicosociales.





